Juan Francisco Linares, gerente general del Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca, trazó un diagnóstico detallado sobre el presente y las perspectivas de uno de los principales complejos portuarios de la Argentina. A lo largo del diálogo, el funcionario puso el foco en el crecimiento de las exportaciones energéticas, el rol estratégico del puerto dentro de la cadena cerealera y los desafíos estructurales que plantea la conectividad ferroviaria y vial.
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Al describir la operatoria actual del puerto, Linares explicó que Bahía Blanca se consolidó como el principal puerto de aguas profundas del país y como un punto clave de cierre de carga para la exportación de granos. “En los últimos años, Bahía Blanca es el puerto de aguas profundas de la Argentina y la mecánica de los granos funciona así: los buques cargan en el norte del país a un 70 u 80% y completan acá con entre 20.000 y 30.000 toneladas”, detalló. Según señaló, este esquema viene creciendo de manera sostenida, acompañado por inversiones realizadas por traders y empresas internacionales que ampliaron su capacidad de acopio y optimizaron su logística en la región.
En paralelo, el gerente general del consorcio remarcó el fuerte impulso que adquirió el puerto a partir del desarrollo energético y, en particular, de Vaca Muerta. “El sector petroquímico tiene un crecimiento importante. Empiezan a aparecer nuevas terminales de carga para monetizar todo lo que es el gas”, afirmó. En ese sentido, destacó que el Puerto de Bahía Blanca comenzó a ganar una inercia propia asociada a proyectos de oil and gas, con volúmenes de carga y niveles de inversión que lo posicionan en un lugar diferente dentro del sistema portuario nacional.
Al referirse a Puerto Rosales, Linares precisó que las proyecciones muestran un salto significativo en la exportación de crudo. “Para 2025 teníamos previsto exportar 15 millones de toneladas y para 2026 entre 19 y 20 millones. Es decir, de un año para otro te aparecen cinco millones de toneladas más de exportación de crudo”, explicó, al tiempo que aclaró que se trata de un crudo liviano con destino, principalmente, al mercado de Estados Unidos.
Respecto del gas, el gerente general subrayó que una de las principales ventajas de Bahía Blanca es su condición de nodo logístico. “La gran ventaja que tiene Bahía Blanca es que cuenta con un nodo de oleoductos y gasoductos desde Vaca Muerta, lo que genera una sinergia muy interesante”, señaló. En ese marco, mencionó proyectos en marcha como el desarrollo junto a la empresa Mega para la separación de gases, que permitirá obtener propano, butano y gasolina, y que podría sumar unas 200.000 toneladas adicionales a la operatoria del puerto.
Mirando hacia adelante, Linares anticipó la posible llegada de nuevas inversiones de gran escala, aunque advirtió sobre la necesidad de definirlas en un contexto de incertidumbre. “Tenemos grandes proyectos a confirmar el año que viene, como una planta de fertilizantes de dos millones de toneladas y una planta grande de separación de gases”, indicó, y agregó que el ritmo de concreción dependerá de las decisiones que se tomen en los próximos meses, dado que “son inversiones muy grandes y el timing es clave”.
Consultado sobre la relación con los puertos del sur de Chile, Linares descartó una lógica estrictamente competitiva. “La potencialidad de Vaca Muerta es muy grande y uno o dos puertos no son suficientes. Es muy importante tener capacidad de evacuación e infraestructura”, afirmó. A su entender, la salida por Chile no solo amplía las alternativas logísticas, sino que también posiciona la producción argentina frente a otros mercados internacionales.
En cuanto a la conectividad terrestre, el gerente general reconoció que se trata de uno de los principales cuellos de botella del sistema. “Hoy el 33% de la carga de grano llega al puerto en tren, algo que es muy distinto a lo que pasa en otros puertos del país”, explicó. No obstante, advirtió que ese sistema ferroviario ya opera al límite: “Es un ferrocarril que está al tope y al que no le entra más, porque no tiene capacidad de transporte”.
Para Linares, este déficit responde a la falta de una política ferroviaria de largo plazo. “Tenemos concesiones que se renuevan año a año y eso no le da horizonte a los concesionarios para armar un plan de negocios y desarrollo”, sostuvo. En su visión, muchas de las mejoras que hoy necesita el puerto implican, en realidad, recuperar capacidades que la Argentina supo tener hace varias décadas.
Esta limitación logística también impacta en el desarrollo del movimiento de contenedores. “Trabajamos contenedores, pero un movimiento muy chico, de entre 60.000 y 80.000 contenedores al año”, explicó Linares, al señalar que se trata principalmente de exportaciones del polo petroquímico. A su entender, sin una conectividad ferroviaria eficiente hacia los grandes centros de consumo, resulta muy difícil atraer líneas regulares. “Con una buena logística, algunas navieras nos han dicho que podrían verlo como una buena opción, porque acá podrían entrar buques de mayor calado”, sostuvo, aunque reconoció que se trata de un objetivo de mediano a largo plazo.
Entre las principales ventajas competitivas del Puerto de Bahía Blanca, Linares destacó el canal de navegación, que permite operar buques con calados de entre 13,70 y 14 metros, y las condiciones de abrigo que reducen significativamente las restricciones por mal tiempo. También subrayó la disponibilidad de tierras: “Hoy tenemos 400 hectáreas desarrolladas portuariamente y unas 2.000 hectáreas más a los costados para seguir creciendo, algo que en otros puertos no existe”.
A esto se suma, según explicó, la confluencia de redes viales, ferroviarias, líneas de alta tensión, oleoductos, poliductos y gasoductos, además de un modelo de gestión consorcial que le otorga autonomía al puerto. “Tenemos un espacio donde a toda esa logística se le puede agregar valor”, resumió.
Más allá de la infraestructura, Linares remarcó la importancia de la relación con la comunidad y el cuidado ambiental como condiciones indispensables para sostener el crecimiento. “Todo este desarrollo no se puede llevar adelante si no tenemos una buena relación con la ciudad y con el medio ambiente”, advirtió. En ese sentido, mencionó programas de reducción de emisiones, un centro de rescate de fauna y un trabajo sostenido con organizaciones ambientales.
Finalmente, destacó las iniciativas educativas impulsadas desde el consorcio para fortalecer la identidad portuaria de Bahía Blanca. “Es increíble la cantidad de gente de la ciudad que no conoce su puerto”, señaló, y explicó que hoy reciben de manera permanente a escuelas, universidades y centros de jubilados, además de incorporar contenidos vinculados al puerto dentro de los programas educativos formales.
Para Linares, el desafío es claro: el Puerto de Bahía Blanca tiene capacidad para crecer, duplicar su actividad en el agua y consolidarse como una plataforma estratégica para la producción argentina. Pero, tal como advirtió en la entrevista, ese potencial solo podrá materializarse si la logística vial y ferroviaria acompaña el desarrollo portuario y energético que ya está en marcha.