El año 2025 marcó un punto de inflexión en la estrategia energética y logística de Argentina. El proyecto de exportación de Gas Natural Licuado (GNL) en el Golfo San Matías dejó de ser una iniciativa en etapa exploratoria para comenzar a consolidarse como un sistema exportador en construcción, con infraestructura en desarrollo, acuerdos comerciales firmados y definiciones regulatorias que le otorgan previsibilidad a largo plazo.
Por GlobalPorts
Lo que se puso en marcha no es solo un emprendimiento energético. Es la configuración de un nuevo polo exportador, basado en la conexión entre Vaca Muerta, la infraestructura de transporte dedicada y una terminal flotante frente a la costa rionegrina que permitirá insertar al país en el mercado global del GNL.
Durante 2025 se produjeron avances que cambiaron la escala del proyecto. A mediados de año se confirmó la incorporación de un segundo buque de licuefacción flotante, el “FLNG MKII”, que operará junto al “Hilli Episeyo”. Con ambas unidades, el consorcio Southern Energy proyecta una capacidad conjunta cercana a las 6 millones de toneladas anuales de GNL.
El “Hilli Episeyo” aportará alrededor de 2,4 millones de toneladas anuales y se prevé su entrada en operación hacia fines de 2027, mientras que el segundo buque sumará aproximadamente 3,5 millones de toneladas anuales, con inicio estimado para 2028. Ambos estarán comprometidos en contratos de largo plazo, lo que posiciona al Golfo San Matías como una plataforma exportadora estable y no como una solución transitoria.
La confirmación del segundo buque y la posterior Decisión Final de Inversión (FID) constituyeron uno de los hitos del año, al aportar certidumbre al cronograma del proyecto y consolidar una inversión total proyectada que supera los US$ 6.000 millones hacia 2035.
Un proyecto con demanda internacional asegurada
Uno de los datos más relevantes de 2025 fue la firma del primer acuerdo marco de exportación entre Southern Energy y la empresa alemana SEFE. El contrato contempla la venta de alrededor de 2 millones de toneladas anuales de GNL durante ocho años a partir de 2027, lo que representa una porción significativa de la producción prevista en la primera etapa del proyecto.
Este compromiso comercial anticipado cambia la lógica del desarrollo: el proyecto no avanza solo por expectativas futuras, sino con mercados concretos ya comprometidos. En términos económicos, el acuerdo podría generar ingresos por exportaciones por más de US$ 7.000 millones a lo largo de su vigencia.
En este punto, el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, subrayó que la presencia de dos unidades de licuefacción “posiciona a la provincia como la plataforma desde donde el gas argentino llegará a los mercados internacionales”, reforzando la idea de un nodo exportador de escala global.
El rol estructural del sistema logístico
Más allá de la visibilidad de los buques de licuefacción, el corazón del proyecto está en la infraestructura que permitirá llevar el gas desde Vaca Muerta hasta la costa atlántica. En ese marco, durante 2025 se registraron avances concretos en la fase logística.
Uno de los momentos más visibles fue la operatoria realizada en noviembre en el Puerto de San Antonio Este, con el arribo y descarga de 10.000 toneladas de caños de acero —más de 2.200 unidades— destinados al gasoducto que conectará la cuenca neuquina con el Golfo San Matías. Las tareas incluyeron maniobras especializadas de descarga, acopio seguro y coordinación con operadores portuarios y proveedores logísticos.
Ese ducto dedicado, proyectado en unos 500 kilómetros, será una pieza crítica para sostener el flujo continuo de gas hacia las unidades flotantes. Su desarrollo implicará inversiones adicionales relevantes y financiamiento internacional, estimado en torno a los US$ 1.000 millones.
El avance de esta infraestructura marca una transformación en el rol del sistema portuario regional: el puerto deja de ser solo un punto de salida para convertirse en un nodo energético integrado.
Un entramado empresarial de escala internacional
Southern Energy reúne a algunas de las principales compañías del sector: Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG. Esta articulación entre actores locales e internacionales refuerza el perfil estratégico del proyecto y su proyección a largo plazo.
A nivel regulatorio, el esquema también avanzó en definiciones clave. El proyecto cuenta con autorizaciones de exportación de GNL a largo plazo, marcos de estabilidad y su incorporación al régimen de incentivo a las grandes inversiones, elementos que contribuyen a consolidar condiciones de previsibilidad para el desarrollo.
Impacto territorial y desarrollo de proveedores
En paralelo, el Gobierno de Río Negro sostuvo durante 2025 un proceso de articulación con municipios, sindicatos y empresas para fortalecer el entramado productivo local. Se realizaron encuentros con más de 200 proveedores en San Antonio Oeste para presentar los mecanismos de contratación vinculados a la construcción del gasoducto y la infraestructura asociada.
La agenda continuó en diciembre con nuevas rondas de vinculación empresarial junto a firmas contratistas y operadores del sistema gasífero. Desde la Secretaría de Energía y Ambiente provincial se destacó que estas instancias se apoyan en herramientas como el Registro de Proveedores y el programa Compre Rionegrino, orientados a facilitar la participación de pymes locales.
Un cambio de escala en la matriz exportadora
El desarrollo del GNL en el Golfo San Matías se inscribe en una estrategia mayor: transformar el potencial gasífero de Vaca Muerta —una de las mayores reservas no convencionales del mundo— en un flujo sostenido de exportaciones energéticas.
Si el cronograma se cumple, Argentina comenzará a exportar GNL de forma estructural a partir de 2027. Esto implicaría la aparición de un nuevo complejo exportador energético, comparable en su lógica al sistema agroindustrial del Gran Rosario o al polo petroquímico del sur bonaerense, pero orientado a los mercados globales de gas.
En esa perspectiva, 2025 aparece como el año en que el proyecto dejó de ser una iniciativa técnica para empezar a materializarse como un sistema logístico-energético concreto: con demanda comprometida, infraestructura en ejecución y actores empresariales alineados.
El Golfo San Matías empieza así a perfilarse como un nuevo punto de salida para la energía argentina, en una dinámica que podría redefinir el mapa exportador del país durante las próximas décadas.