Por GlobalPorts
El 2025 marcó un punto de inflexión para el sector petrolero argentino. La producción alcanzó niveles cercanos a los 850.000–860.000 barriles diarios, uno de los registros más altos en décadas, impulsado principalmente por el crecimiento del shale en Vaca Muerta. Distintos relevamientos difundidos por medios especializados en energía coinciden en que el no convencional ya explica cerca del 60% al 70% del total producido en el país, consolidando un cambio estructural en la matriz energética nacional.
Este salto productivo no sólo reordenó el ranking de empresas, sino que comenzó a redefinir los flujos físicos del sistema energético. Con una producción cada vez más concentrada en la cuenca neuquina, la capacidad de transporte, almacenamiento y exportación pasó a ocupar un lugar central en la ecuación.
En otras palabras, el crecimiento del sector ya no depende únicamente de la perforación y el desarrollo de áreas, sino de la infraestructura logística capaz de sostener ese volumen creciente.
Según datos difundidos por el medio especializado Más Energía, YPF se mantuvo al frente del ranking con unos 256.000 barriles diarios, en un año de transición marcado por la venta de activos convencionales y una fuerte expansión del shale. La compañía creció un 34% en Vaca Muerta, aunque su producción total a nivel país registró una leve caída del 1%, reflejando el cambio de perfil del sector: menos peso del convencional y mayor centralidad del no convencional.
Este corrimiento geográfico tiene implicancias directas. A medida que la producción se concentra en Neuquén, aumenta la dependencia de oleoductos, sistemas de evacuación y terminales marítimas capaces de canalizar el crudo hacia los centros de refinación y exportación.
Una de las grandes sorpresas del año fue Vista, que escaló al segundo lugar tras crecer un 54% interanual y alcanzar los 104.000 barriles diarios, impulsada por adquisiciones estratégicas y el desarrollo intensivo de áreas no convencionales. Su expansión es representativa de una nueva generación de compañías enfocadas casi exclusivamente en el shale, cuyo crecimiento se traduce en mayores volúmenes a transportar desde la cuenca hacia los puntos de salida.
Pan American Energy (PAE) completó el podio con 103.000 barriles diarios. Al igual que YPF, mostró un fuerte crecimiento en shale oil —del orden del 36%— que compensó la caída en campos maduros, lo que se tradujo en un avance marginal en el total nacional. El dato vuelve a ser estructural: el no convencional dejó de ser complemento para convertirse en el principal sostén de la producción.
Chevron se ubicó en el cuarto puesto con unos 60.000 barriles diarios y un crecimiento cercano al 20%, impulsado tanto por su asociación en bloques clave como por nuevos desarrollos intensivos. Shell cerró el top cinco con unos 46.000 barriles diarios, con una producción concentrada completamente en Vaca Muerta, reflejando la consolidación del shale como núcleo del negocio petrolero.
Sin embargo, uno de los desempeños más destacados fue el de Pluspetrol. Tras iniciar el desarrollo masivo de un bloque adquirido recientemente, su producción total creció un 86% y la de shale oil un 194%. Este tipo de expansión acelerada anticipa un incremento sostenido en los volúmenes a evacuar en los próximos años y evidencia cómo nuevos desarrollos empiezan a tener impacto directo en la demanda logística.
Más abajo en el ranking, otras compañías también mostraron crecimientos relevantes: CGC, Equinor, Tecpetrol y Phoenix registraron subas interanuales de dos dígitos. Aunque con menor volumen absoluto, su expansión simultánea confirma que el crecimiento del shale no depende de un solo actor, sino de una red cada vez más amplia de operadoras que, en conjunto, elevan la escala del sistema productivo.
Este aumento sostenido de la producción empieza a traducirse en una presión concreta sobre la infraestructura existente. Informes sectoriales publicados por medios especializados como EconoJournal y Revista Petroquímica coinciden en que Vaca Muerta ya aporta cerca de 580.000 a 600.000 barriles diarios y concentra el crecimiento del sector, lo que obliga a ampliar la capacidad de transporte desde Neuquén hacia la costa atlántica y los principales nodos de refinación.
En ese contexto, la expansión del sistema de evacuación se volvió estratégica. Proyectos de ampliación de oleoductos existentes y el desarrollo de nuevas trazas buscan acompañar un crecimiento que, según estimaciones difundidas por medios energéticos y consultoras del sector, podría seguir aumentando en los próximos años.
Iniciativas como el sistema Vaca Muerta Oil Sur apuntan precisamente a incrementar la capacidad de transporte y habilitar mayores volúmenes de exportación directa desde la costa, consolidando una nueva escala logística para el crudo argentino.
El impacto ya es visible en el plano macroeconómico. El fuerte aumento de la producción permitió que el país registrara uno de los mayores superávits energéticos en décadas, impulsado en gran medida por las exportaciones de petróleo. Este escenario refuerza el vínculo cada vez más estrecho entre crecimiento productivo, infraestructura logística y salida al mercado internacional.
En este marco, el ranking de las petroleras deja de ser sólo una fotografía de posiciones empresariales. En realidad, funciona como un indicador adelantado de quiénes están generando más carga, presionando la red de transporte y empujando las inversiones en infraestructura.
Las mismas compañías que lideran la producción son las que, directa o indirectamente, están detrás de la expansión de ductos, sistemas de almacenamiento y nuevas soluciones para evacuar crudo hacia los puertos.
El crecimiento del shale está, así, redefiniendo el mapa energético argentino. La producción récord no sólo modifica el equilibrio entre empresas: también cambia los flujos territoriales del petróleo, fortalece el rol de los corredores logísticos y otorga una centralidad creciente a la infraestructura portuaria vinculada a la exportación.
El verdadero desafío ya no es producir más, sino poder transportar y exportar ese crecimiento. En esa transición, la logística energética se consolida como el eslabón crítico para sostener la nueva escala productiva de Vaca Muerta y proyectar al país como proveedor relevante de energía en los mercados internacionales.