La posibilidad de construir dos puertos sobre la Laguna Merín volvió al centro de la agenda binacional entre Uruguay y Brasil.
Por GlobalPorts
El anuncio, desde Brasil, de que en marzo se abrirían licitaciones reactivó expectativas en el este uruguayo, pero también dejó en claro un punto técnico y político clave: sin dragado no hay puertos operativos. Ese condicionante explica por qué el foco real del proyecto hoy está puesto del lado brasileño.
Según expresó Pablo Beck, presidente de la Comisión de la Laguna Merín, Uruguay tiene la oportunidad de avanzar con dos terminales portuarias que permitan una conexión fluvial directa con el Puerto de Río Grande. Sin embargo, el propio Beck subrayó que la navegabilidad del sistema depende del dragado previo, una obra que será ejecutada y financiada por Brasil.
Lo que está confirmado
Del lado brasileño, el proceso más concreto ya está en marcha. El Gobierno federal lanzó la licitación para el dragado y la señalización de la hidrovía de la Laguna Merín, incluyendo tramos críticos como el Canal São Gonçalo, con apertura de sobres prevista para marzo. Se trata del paso técnico imprescindible para recuperar calados y garantizar continuidad operativa hacia el Atlántico.
Este avance explica por qué marzo aparece como un mes bisagra: no por el inicio inmediato de obras portuarias en Uruguay, sino porque podría quedar definido el contrato que habilite la navegabilidad del sistema.
Lo que está condicionado
En Uruguay, los proyectos de los puertos —mencionados en la órbita de los ríos Tacuarí y Cebollatí— no pueden materializarse sin la confirmación del dragado. Incluso iniciativas que habían avanzado en permisos y diseño quedaron en pausa ante la falta de garantías sobre el calado.
La apertura de licitaciones anunciada para marzo, en este contexto, debe leerse con cautela: puede haber llamados administrativos o preparatorios, pero el inicio efectivo de las obras dependerá del resultado del proceso brasileño y de su cronograma de ejecución.
Un esquema de responsabilidades cruzadas
El esquema binacional planteado es claro: Brasil asume el dragado y sus costos, mientras que Uruguay debería completar las conexiones terrestres para integrar los futuros puertos a su red logística, en particular mediante mejoras viales que conecten la cuenca con el resto del país.
La Laguna Merín concentra una promesa logística de largo plazo: abaratar costos de transporte, integrar economías regionales y abrir una salida fluvial directa hacia el sur de Brasil. Pero también expone una realidad recurrente en los proyectos de infraestructura regional: el orden de los factores importa.
Hoy, el verdadero punto de inflexión no está en los puertos, sino en el dragado. Marzo no marcará necesariamente el inicio de las obras en Uruguay, pero sí puede definir si el proyecto deja de ser una proyección y comienza, finalmente, a tener base operativa real.