El Thamesborg, de bandera neerlandesa, quedó varado en el Ártico canadiense mientras navegaba desde China hacia Quebec. El incidente pone nuevamente en debate los riesgos y oportunidades de la ruta polar.
Redacción GlobalPorts
El carguero comercial Thamesborg, de la naviera Wagenborg, encalló durante el fin de semana en el estrecho de Franklin, en pleno Paso del Noroeste, una de las zonas de navegación más desafiantes del Ártico canadiense. Pese a la magnitud del hecho, la compañía informó que la tripulación se encuentra a salvo y no se registraron derrames de combustible ni contaminación ambiental, confirmando que los tanques y las bodegas permanecen intactos.
El buque, de 172 metros de eslora y clase de hielo 1A, transportaba un cargamento de bloques de carbono desde el puerto chino de Lianyungang con destino a Baie-Comeau, Quebec. Durante la travesía, el casco sufrió daños en la zona de lastre, aunque sin comprometer la estabilidad general del barco.
Una respuesta rápida en aguas remotas
La Guardia Costera de Canadá desplegó el rompehielos CCGS Sir Wilfrid Laurier, que llegó al lugar en menos de diez horas. También se sumó el rompehielos CCGS Jean Goodwill, mientras que un buque de carga cercano, el Miena Desgagnés, permaneció en la zona como apoyo. Estas acciones buscan garantizar la seguridad de la tripulación y preparar un eventual operativo de reflotamiento.
La naviera Wagenborg anunció que se realizará una investigación exhaustiva para determinar las causas del encallamiento, mientras especialistas recuerdan que los estrechos del Ártico combinan condiciones meteorológicas extremas, hielos a la deriva y márgenes de maniobra muy reducidos, factores que elevan los riesgos de navegación.
El atractivo y la polémica del Paso del Noroeste
Este incidente vuelve a poner en el centro del debate la viabilidad del Paso del Noroeste como corredor comercial.
La ruta ofrece ventajas indiscutibles: hasta 3.750 millas náuticas menos que el viaje por el Canal de Panamá, lo que representa 14 días menos de navegación y un ahorro del 40 % en emisiones. Sin embargo, los peligros de operar en aguas polares plantean dilemas para la industria y las autoridades.
Mientras el cambio climático abre progresivamente estas rutas, el caso del Thamesborg recuerda que la navegación en el Ártico requiere no solo buques con clase de hielo, sino también protocolos de seguridad y coordinación internacional robusta.