Colisión en altamar: un llamado a reforzar la seguridad en la pesca

Redacción GlobalPorts//

El choque entre dos barcos pesqueros a 700 kilómetros de la costa de Mar del Plata no dejó víctimas, pero volvió a encender las alertas sobre los riesgos del trabajo embarcado.

La noticia llegó recién en las últimas horas, pero el hecho ocurrió el pasado jueves 20 de marzo: el buque pesquero Espadarte, de Santa Cruz, y el potero Oryngn 756, con asiento en Mar del Plata, colisionaron en altamar, a unas 380 millas náuticas de la costa, es decir, a casi 700 kilómetros de Mar del Plata.

Aunque la magnitud del impacto podría haber desencadenado una tragedia, no se registraron víctimas ni heridos. Según las imágenes difundidas por el colectivo Ningún Hundimiento Más —integrado por familiares de víctimas de naufragios—, los trabajadores embarcados actuaron con rapidez y eficiencia. Evaluaron los daños, garantizaron la seguridad a bordo y continuaron navegando hacia sus respectivos puertos con asistencia permanente de la Prefectura Naval Argentina (PNA).

A pesar de que el choque provocó roturas en ambas embarcaciones, los daños no comprometieron la línea de flotación, ni provocaron ingreso de agua. Fue un accidente que pudo terminar mal, pero no lo hizo. Y eso, lejos de ser una anécdota, debería ser una advertencia.

Un riesgo que navega en silencio

Cada accidente en el mar nos recuerda una verdad muchas veces postergada: el trabajo embarcado es uno de los más peligrosos del país. Expuestos a condiciones climáticas extremas, a miles de kilómetros de cualquier costa, los trabajadores del mar enfrentan riesgos cotidianos que, muchas veces, no ocupan lugar en la agenda pública.

No es casual que haya sido el colectivo Ningún Hundimiento Más quien diera a conocer el incidente. Son familiares que, marcados por pérdidas irreparables, vienen exigiendo hace años mayores controles, protocolos más estrictos y un compromiso firme con la seguridad náutica. La colisión entre el Espadarte y el Oryngn 756, aunque sin consecuencias fatales, confirma que los riesgos siguen latentes.

Es tiempo de escuchar más a quienes navegan, de revisar protocolos, de invertir en tecnología, de capacitar, de controlar, de cuidar. Porque el mar no da segundas oportunidades. Esta vez, se evitó una tragedia. Pero la seguridad no puede quedar a merced de la suerte.


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