Argentina autorizó al buque oceanográfico R/V Roger Revelle (AGOR-24) a realizar investigación científica marina en el Atlántico Sur, en el marco de GO-SHIP, con participación del INIDEP y una condición clave: entrega prioritaria de datos e informes a la Argentina antes de su publicación.
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Una autorización formal, con condiciones de entrega de información
El Gobierno argentino dio curso a la solicitud de Estados Unidos para que el buque oceanográfico R/V Roger Revelle (AGOR-24) realice investigación científica marina en espacios marítimos sujetos a soberanía y jurisdicción nacionales. El expediente se canalizó desde Cancillería hacia el Consejo Federal Pesquero (CFP) y quedó plasmado en el Acta CFP N° 1/2026, donde se registra que la campaña —originalmente prevista desde el 10 de febrero— fue reprogramada: comienza el 5 de marzo y concluye el 30 de marzo de 2026.
En el mismo documento, el CFP informó que, en lo relativo a su competencia, no formula objeciones para autorizar la actividad “en el marco de la normativa vigente”, pero dejó asentadas condiciones críticas: por la vía correspondiente, se debe requerir al Estado solicitante la entrega de “todos los datos básicos” y de los “informes preliminares y finales” con anterioridad a su publicación, además de respetar los plazos reglamentarios para evitar trabas en futuras autorizaciones interinstitucionales.
Un dato operativo relevante: el INIDEP prestó conformidad para el embarque de una observadora argentina (Dra. Carla Berghoff) a bordo del buque, un punto que suele considerarse clave en términos de control, transparencia y apropiación nacional de capacidades durante campañas internacionales.
Qué se mide en el Atlántico Sur
(y por qué importa para la logística marítima)
Según el acta del CFP, el crucero está organizado bajo el programa internacional GO-SHIP y apunta, principalmente, a rastrear cambios en temperatura, oxígeno y CO₂ de origen humano en el Atlántico, comparando con el último relevamiento de referencia reportado para 2014.
GO-SHIP es una red internacional de secciones hidrográficas repetidas de alta precisión (columna completa), integrada al sistema global de observación oceánica y orientada a entender la variabilidad climática y biogeoquímica.
En el caso del Atlántico Sur, la planificación estadounidense de GO-SHIP menciona una próxima ocupación de la línea A16S con el R/V Revelle en 2026 (la traza histórica corre aproximadamente de 6°N a 60°S).
Para el sistema portuario y logístico argentino, estos relevamientos no son “ciencia abstracta”. Aportan capas de información que se conectan con:
- Gestión pesquera y control de recursos: estructura térmica, salinidad, oxígeno, frentes y circulación impactan en hábitats, distribución de biomasa y rendimientos.
- Seguridad de la navegación y operaciones: batimetría y cartografía del fondo (en particular en áreas menos densamente relevadas) mejoran conocimiento del espacio marítimo.
- Planificación climática y resiliencia: cambios de temperatura/CO₂ y contenidos de oxígeno se vinculan con escenarios de productividad, acidificación y variabilidad regional.

El “doble uso” de los datos: cooperación científica, pero también valor estratégico
El punto sensible —y el que explica la intensidad del debate público— es el potencial de doble uso de algunos productos oceanográficos. El R/V Roger Revelle es un buque de investigación de alta capacidad (propiedad de la U.S. Navy, operado para ciencia por UC San Diego/Scripps), con autonomía extendida y equipamiento de mapeo y medición oceánica de nivel “clima-calidad”.
Documentación técnica del propio operador describe, entre otros sistemas, ecosondas multihaz Kongsberg capaces de producir batimetría de alta resolución (hasta profundidad oceánica), además de instrumental hidrográfico y perfiles de variables físicas.
Ese tipo de información —junto con perfiles de velocidad del sonido/estructura térmica— puede tener utilidad civil legítima (cartografía, ciencia, seguridad marítima), pero también interés militar en términos generales (por ejemplo, para modelar propagación acústica submarina). En este marco, la condición impuesta por el CFP sobre entrega prioritaria de datos e informes a la Argentina antes de publicar es una señal política y técnica de primer orden: busca que el Estado argentino no quede “corriendo detrás” de los resultados y pueda ejercer capacidad de evaluación, resguardo y aprovechamiento.
Qué dice el derecho del mar: consentimiento del Estado ribereño y condiciones
Bajo la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), la investigación científica marina en zonas bajo jurisdicción del Estado ribereño se realiza con su consentimiento y bajo las condiciones que establezca (en especial para la ZEE y la plataforma continental).
En términos prácticos: Argentina puede autorizar, condicionar, requerir participación/observación, y exigir entrega de datos —tal como surge del dictamen/acta del CFP.
Contexto político y “clima estratégico” regional
Esta autorización ocurre en un escenario hemisférico donde EE.UU. volvió a colocar en agenda temas de seguridad marítima y pesca ilegal en foros de defensa. En febrero de 2026, medios argentinos reportaron la participación del vicealmirante Marcelo Dalle Nogare en una cumbre de altos mandos en Washington, y el enfoque del encuentro incluyó discusiones sobre amenazas transnacionales y seguridad regional.
En paralelo, la Argentina viene de modificar por DNU la estructura normativa del sistema de inteligencia (DNU 941/2025, publicado a inicios de enero de 2026), lo que reavivó debates sobre alcances institucionales, controles y prioridades estratégicas vinculadas a recursos críticos

