Una transición tecnológica que expuso fragilidades estructurales
Redacción GlobalPorts
La implementación del nuevo sistema de importaciones en el aeropuerto de Ezeiza, activada entre el 22 y 23 de agosto, coincidió con un fin de semana largo y se realizó sin mantener el régimen anterior en paralelo. El resultado fue inmediato: un cuello de botella en la Terminal de Cargas Aéreas (TCA), con demoras que afectan tanto a insumos médicos críticos —como 150 implantes cocleares retenidos— como a bienes de consumo cotidiano.
Importadores y despachantes describen un escenario caótico, con mercaderías varadas durante semanas, costos de almacenamiento en alza y riesgos de interrupción en cadenas productivas sensibles. El diagnóstico compartido: no fue el comercio exterior el que colapsó, sino la infraestructura y la planificación de la transición.
El peso de la demanda creciente
La congestión no puede explicarse solo por la falla en la migración tecnológica. Desde comienzos de 2025 se registraba un crecimiento exponencial en el volumen de importaciones bajo la modalidad courier. La suba de los límites de compra al exterior —de USD 1.000 a USD 3.000— y la exención de aranceles para compras de hasta USD 400 generaron un flujo inédito de operaciones.
En febrero de este año, la propia TCA había reconocido que procesaba cerca de 4.000 paquetes diarios, pero que esa cifra podía escalar hasta los 30.000 o 40.000 paquetes en el segundo semestre. América-Retail describía al sistema courier argentino como “al borde de un colapso sin precedentes”.
Aeropuertos Argentina Cargas, operador de TCA, había anticipado la construcción de una Terminal Única de Courier (TUC) con una inversión de USD 6 millones para absorber esa demanda, pero el proyecto aún no alcanza a resolver las urgencias inmediatas.
Una crisis logística con impacto transversal
El colapso en Ezeiza tiene múltiples derivadas:
- Costos logísticos: cada día de demora suma cargos de almacenaje y reprogramaciones en vuelos de carga.
- Industria y salud: insumos médicos, electrónicos y componentes industriales quedan atrapados en depósitos.
- Comercio exterior: la reputación del sistema aduanero argentino queda en entredicho, justo cuando se buscan señales de mayor competitividad y apertura.
Respuestas y perspectivas
La Aduana extendió plazos de vencimiento y facilitó trámites para acompañar la transición al nuevo sistema. TCA, por su parte, aseguró que trabaja con todos los actores para regularizar la situación en un plazo de dos semanas, priorizando cargas sensibles.
Despachantes valoran la predisposición de las autoridades, aunque critican la falta de una transición gradual que hubiera evitado el colapso. En paralelo, surgen propuestas desde el sector privado para diversificar la logística, utilizando aeropuertos alternativos como Córdoba o Mendoza, o reforzando el rol de depósitos fiscales y zonas francas.
Lo ocurrido en Ezeiza no es solo un problema coyuntural. Es la muestra de cómo la combinación de apertura comercial, crecimiento de la demanda y cambios tecnológicos sin planificación integral puede generar una crisis logística de gran escala.
La solución inmediata parece estar en la coordinación de Aduana, operadores y empresas importadoras para destrabar cargas críticas. Pero la verdadera respuesta será estructural: inversión en infraestructura, interoperabilidad de sistemas y un marco regulatorio que acompañe los cambios sin frenar el flujo del comercio exterior.

