El avance de la certificación internacional del langostino argentino bajo los estándares del Marine Stewardship Council(MSC) marca un nuevo punto de inflexión para el sector pesquero nacional, no solo en términos ambientales, sino también como herramienta concreta para fortalecer su posicionamiento en los mercados internacionales más exigentes.
Por GlobalPorts
En los últimos días, el presidente de la Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (CAPIP), Agustín de la Fuente, destacó el alcance de este reconocimiento global y su impacto en la cadena exportadora. “Es un sello de calidad, de sustentabilidad y ambiental” , “No es solo obtenerla sino también mantenerla” expresó.

La certificación MSC es uno de los estándares más valorados a nivel mundial para productos pesqueros. Exige demostrar que el recurso se captura bajo criterios de sostenibilidad, con controles científicos, monitoreo constante y sistemas de trazabilidad que garanticen el cuidado del ecosistema y la continuidad del stock en el tiempo.
En ese marco, el reconocimiento al langostino argentino refleja años de trabajo técnico y operativo del sector para alinearse con las exigencias del comercio global.
Una llave de acceso a mercados premium
Desde una perspectiva comercial, el sello MSC se ha convertido en una herramienta estratégica para acceder a mercados donde los criterios ambientales son cada vez más determinantes. Grandes cadenas de supermercados, importadores y distribuidores internacionales priorizan productos certificados, lo que posiciona al langostino argentino en un segmento de mayor valor agregado.
La certificación no solo mejora la imagen del producto, sino que fortalece la competitividad del país en destinos donde la trazabilidad, la sustentabilidad y los estándares de producción ya forman parte de las condiciones de compra. Esto impacta directamente en toda la cadena exportadora, desde la captura hasta el procesamiento, el almacenamiento en frío y la logística portuaria.
En este contexto, el sector pesquero busca consolidar una identidad productiva basada en la calidad y el cumplimiento de estándares internacionales. “Tenemos algo muy importante para ofrecer al mundo”, señaló De la Fuente al referirse al potencial del langostino argentino en el comercio exterior.
Trazabilidad y logística: el nuevo estándar del comercio internacional
El reconocimiento del MSC también implica un cambio estructural en la forma de producir y exportar. La trazabilidad se vuelve un eje central, obligando a garantizar el seguimiento del producto desde su captura hasta su llegada al consumidor final. Esto exige coordinación entre empresas pesqueras, plantas de procesamiento, operadores logísticos y puertos, consolidando una cadena cada vez más profesionalizada.
En términos sistémicos, la certificación se integra a una tendencia global donde los estándares ambientales pasan a ser parte del funcionamiento habitual del comercio internacional. Para Argentina, esto representa una oportunidad de posicionamiento, pero también una responsabilidad permanente: sostener los controles, la transparencia y la calidad en el tiempo.
El proceso de evaluación que condujo a la certificación fue extenso y se apoyó en el estándar MSC Fisheries Standard v2.01, que analiza tres dimensiones centrales: el estado del recurso, el impacto ambiental de la actividad y la solidez del sistema de gestión. Según el Public Certification Report del Marine Stewardship Council, ningún indicador quedó por debajo del umbral mínimo exigido, condición indispensable para obtener el reconocimiento.
Entre los factores que respaldaron el resultado se destacaron el programa de observadores a bordo, el monitoreo satelital obligatorio de la flota, la información científica generada por el INIDEP y la consistencia del marco regulatorio federal. El informe también estableció compromisos de mejora durante la vigencia del certificado, vinculados a profundizar el seguimiento de la fauna acompañante, reforzar algunos indicadores biológicos y ampliar el monitoreo ambiental, lo que confirma que la certificación no es un punto de llegada, sino un proceso de mejora continua.
Competitividad e inversión: el otro frente del sector
En paralelo al reconocimiento internacional, el sector continúa planteando desafíos estructurales para consolidar su presencia en el exterior. Entre ellos, la necesidad de mejorar las condiciones de competitividad frente a otros países exportadores.
De la Fuente volvió a advertir sobre el peso de la carga impositiva sobre las exportaciones pesqueras, señalando que ese factor impacta en la rentabilidad y en la capacidad de sostener inversiones, innovación y empleo en el largo plazo.
El escenario muestra así un equilibrio complejo: por un lado, un producto que logra certificaciones de alto prestigio internacional y abre nuevas oportunidades comerciales; por otro, la necesidad de contar con un entorno económico que permita capitalizar plenamente ese posicionamiento.
En ese cruce entre sustentabilidad, logística y comercio exterior, la certificación MSC del langostino argentino se consolida como una herramienta estratégica para competir en mercados cada vez más selectivos, donde la calidad ambiental y la trazabilidad ya no son diferenciales, sino condiciones básicas para vender al mundo.

